experiencias·familia

Cuando yo emigré

A raíz de la nueva sección que he creado sobre historias de madres que han emigrado a otro país, me lanzo a contaros cómo fue mi historia.

Hace 3 años yo trabajaba con funcionaria interina en la Agencia Tributaria, en Palma de Mallorca. La verdad que no podía estar más a gusto por los compañeros y el trabajo en sí, ya que el horario era genial para poder conciliar la vida laborar y familiar, sobretodo, cuando tienes un hijo de 2 años.

Vivíamos en un piso de alquiler bastante bonito y en una zona que me encanta de Palma. Y teníamos una vida muy tranquila, dentro de lo que un niño de 2 años te deja 😉

Un día, Antonio, mi marido, me llamo para decirme que le habían ofrecido llevar una oficina nueva en Curaçao y que, de rebote, me ofrecían trabajo a mi también.

Tras barajar los pros y los contras, la empresa nos “regalo” un viaje para ir a conocer la isla y poder decidirnos del todo si estábamos preparados para el gran cambio.

Casi medio año después de ese viaje estábamos embarcados destino a nuestra nueva vida en Curaçao.

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El comienzo fue bastante difícil porque llegamos a un sitio nuevo, con nuevas costumbres y sin conocer a nadie. Un país totalmente diferente al nuestro, en el que si no te abres un poco es difícil integrarse.

Poco a poco fui conociendo a gente y haciendo nuevas amistades que me ayudaron a que el cambio fuera más llevadero.

Carlos disfrutaba cada día más. El colegio le gustaba y había echo muchos amigos y empezaba a aprender un idioma nuevo, que fue lo que más nos motivó a valorar lo positivo del cambio.

Debo agradecer sobretodo a una persona que mi vida allí se hiciera más cómoda y esa es Mariana, una vecina que se convirtió en algo más que una amiga.

Lo más difícil de emigrar a otro país es dejar atrás a tu familia y amigos. Y, si encima, emigras con hijos, se multiplica por diez. Porque el tiempo libre que podíamos tener mientras Carlos se quedaba con mis padres o mi hermana ya no lo teníamos. Por eso es tan importante rodearte de gente con la que conectas desde el principio. Mariana y Ovidio nos convirtieron en lo que ellos llaman “hijos de la vida” y nos ayudaron muchísimo con Carlos y a sentirnos más cómodos con nuestra situación.

Febrero (16).jpg

Aunque a veces tengo días malos, como es normal, soy de las que piensan que hay que ver siempre el lado positivo de las cosas. Vivimos en el Caribe, con un verano eterno, una buena situación laborar, Carlos es bilingüe y tengo una increíble flexibilidad en el trabajo para poder disfrutar más de Paula. Lo malo, ahí está, siempre hay cosas negativas, al igual que las podía haber cuando vivíamos en España. Lo más duro, sobretodo, estar tan lejos de mi familia, pero tengo la certeza de que lo positivo atrae lo positivo y no hay que pararse a dar vueltas a las cosas que no nos dejan ver lo bonito de la vida.

Ahora, después de 3 años me siento un poquito más de Curaçao, aunque mi corazón pertenece a Mallorca porque es mi tierra y es donde está mi gente. Pero siempre sabré que parte de mi está en aquí y le agradeceré sobretodo, las amistades que me ha brindado.

 

“Mira la vida de frente y nunca te dará la espalda”

beso

 

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